A la armonía a través del conflicto

Me llamó mucho la atención en un texto de Teosofía que leí con curiosidad y sin ninguna intención de quedarme con ninguno de sus postulados: `Cuarto Rayo: armonía a través del conflicto´ y explicaban además que era propio de artistas. Para entonces yo no sabía quién era Alice Bailey ni de lejos. No es que ahora sepa mucho de ella, pero sí que tiene un libro al que acudir dedicado precisamente a Siete Rayos. Ella llama a este Cuarto Rayo el Señor de Armonía, Belleza y Arte, y dice que su principal función consiste en crear Belleza, como expresión de la verdad, mediante la libre interacción de la vida y la forma.

No pretendo comprender del todo algo a cuyo estudio hay gente que dedica la vida entera, pero me llega de una forma tan limpia y tan comprometida con la claridad y con la honestidad que me ha parecido de ley empezar por ese Cuarto Rayo.

Tras ese primer impacto, creo que enseguida me di cuenta de que el conflicto es un camino directo a un estadio superior de armonía, cuando uno se permite el recorrido, cuando se permite resonar en todo el ser con la energía que se despliega durante la fricción -especialmente cuando uno accede a mirar con anchura, sin enroques ni personalismos mientras toma de ahí toda la fuerza creadora.

Ya he dicho en alguna ocasión que en el Tarot parecen tener asiento todos los grandes y pequeños conceptos que ayudan a entender de qué se trata este recorrido bello, extraño y no siempre fácil, que nos tiene en el planeta tierra, . Y quizá las cartas más esclarecedoras son precisamente las menos populares de entrada, precisamente las que delatan un conflicto, como por ejemplo el Cinco de Espadas, una invitación a reconocer cada crisis -personal o interpersonal- como una oportunidad para que la existencia se ensanche y sume enteros pendientes, en fuerza, lucidez y verdad.

En la práctica, cuando alguien acude a la consulta, es casi seguro que hay algún asunto que le conflictúa y, por más que su predisposición mire más a las cartas más fáciles de asumir, atender a la fricción y buscar los caminos más fértiles y liberadores para no perder ningún aprendizaje en el recorrido es siempre una oportunidad más interesante y más práctica que regalar oídos al consultante.

Alguien dijo una vez que la crisis es el momento en el que lo antiguo ha desaparecido y lo nuevo no se ha manifestado. En el caso del Cinco de Espadas se trata efectivamente de un salto maestro hacia una armonía extraordinaria, capaz de crear cualquier cosa con la fuerza de la palabra. Lo antiguo es plano y gris y conviene reconocerlo para no tratar de seguirse enganchando porque en cualquier caso es imposible y porque comporta un sacrificio de energía absurdo que incluye además renunciar al jardín del Edén.

El viernes pasado, para todo el fin de semana, me salió el Cinco de Espadas en la extracción diaria que suelo hacer y publicar en Facebook. Y lo que me ha llamado la atención es que, no siendo de las halagüeñas precisamente, ha batido mi record de apoyos, en esta medida que dan los “me gusta” y los comentarios. Me hace pensar que los que vamos en el mismo barco, tenemos cada vez más la capacidad de reconocer el conflicto del momento y que con un pequeño impulso le podemos sacar el mejor partido. Reproduzco aquí ese texto:

Al otro lado del conflicto están las oportunidades más hermosas y expansivas, así que no te asustes y avanza. Atravesar el abismo del desencuentro con todas las consecuencias más emancipadoras y liberadoras es de una maestría grandiosa y requiere no solo voluntad sino anchura de visión y de corazón.

El Cinco de Espadas da al traste con los planteamientos conocidos sin mostrarte de entrada una nueva propuesta de contexto, que sólo se desvela si recorres el puente. Abraza el vértigo o cualquier otra sensación/emoción que aparezca y, sin engaños, resistencias ni pereza, emplea su capacidad impulsora y su energía al mejor servicio.

Feliz día y feliz fin de semana para tomar el aprendizaje más útil y luminoso y asumirte en un recorrido hacia el lugar que tu nueva anchura requiere. Todo es parte de la aventura; todo es para que seas quien eres y ocupes tu lugar. Adelante!

 

Donde Mozart tomaba la inspiración

Han pasado justo tres años de este escrito. Fue en Goba (Etiopía), en la trastienda de un local de informática con el suelo de tierra y donde parecía imposible que algo pudiera funcionar. El príncipe de Abisinia, entonces en un orfanato en ese mismo pueblo, está otra vez en aquéllas regiones que nunca hemos dejado de compartir. Y yo sigo sintiendo su bendición a demanda. Cuando faltan unos días para volver a viajar al país de la Reina de Saba, que sin él ahora es otra galaxia, no me resisto a compartir uno de los chispazos de inspiración que me regaló este ser de mirada redentora. Diría, para justificar esta entrada, que en ella se recogen todos los arquetipos conocidos y que quizá llegue el momento de desentrañarlos.

En los reinos donde Mozart tomaba la inspiración -quizá también Pitágoras y algún otro iniciado como William Blake- había una vez un príncipe con una mirada de ojos negros que derretía las piedras. Su piel fina de color entre café y chocolate irradiaba al moverse la elegancia y la textura irisada de todos los colores conocidos en aquella dimensión, transparentes y limpios como el agua del arroyo donde un día se originó la vida…
Cuando regresaba de sus expediciones, yo buscaba su compañía y le lavaba los pies con la devoción de una virgen que se sentía sanada con aquel tacto y con aquella mirada deslumbrante. Era como acompañarle en cada misión, y se me ensanchaba el pecho con la posibilidad de cada encuentro. Él sólo me miraba, pero yo podía escuchar su voz de cacao y pimienta contar preciosas historias épicas, llenas de luz, oro y diamantes… Era delgado y tenía una presencia dulce y regia.
Un día, mientras le cuidaba los pies como si le acariciara el corazón, me explicó en ese modo suyo que la próxima campaña era más larga y más delicada. Iba a bajar a la Tercera Dimensión -yo no podía imaginarme qué era eso, pero intuía que se trataba de algo emocionante- y concluyó que yo también estaba preparada para ese desembarco tan arriesgado, pero que sólo a mí correspondía decidir si quería asumir ese reto. Me advirtió que no iba a ser fácil pero que nos acabaríamos encontrando y que no sabía cómo, pero que nos reconoceríamos casi inmediatamente. No sé si acepté enseguida o si esperé a su marcha, y a echar de menos su presencia radiante y benéfica. Desede entonces para acá han debido pasar muchas cosas, no todas bonitas ni -menos aún- interesantes pero la verdad es que no me acuerdo bien; creo que hice un pacto, y que para validar la calidad de mi compromiso tuve que entregar casi todos los registros de mi memoria. Creo también que esa medida servia para paliar un poco el dolor de la añoranza…

La primera vez que vi a Joseph, recluido en un orfanato en Etiopía, no pude sostenerle la mirada, ni entendí como se me estalló súbitamente un nudo del corazón en un llanto infinito.
Ahora voy cada día a darle de comer y nos miramos a los ojos. Me derrito. No puede hablar ni moverse de su camita, pero me cuenta historias que parecen relatos de ciencia ficción con su voz de príncipe, de pimienta y cacao, y me deja que le acaricie los pies…
…a veces me pide que le tararee algo de Mozart y yo obedezco y me dejo transportar allí donde sólo él y yo sabemos…

(Goba, Etiopía, 20 de Noviembre de 2014)

The Emperor too (El Emperador también)

Dejando de lado en lo posible argumentos manidos y renunciando absolutamente a escribir una tesis, me permito este “pronto socorro” (una expresión que le robo a Graciela Figueroa, maestra de tantas cosas) no tanto para posicionarme en este delicado tema que ha segado sólo en España y sólo en lo que va de año 44 vidas, sino para intentar dar asiento a la desazón que me produce la agitación de odios, en nombre del poder femenino.

Y, sin ser una tesis y sí sirviéndome para hablar del Tarot, que es de lo que se trata esta web, voy a decir que el poder femenino terrenal, que es el que encarna La Emperatriz, es precisamente integrador, inclusivo, nutridor, vital, acogedor, generoso… puedo seguir escribiendo montones de adjetivos, siempre que no impliquen nada excluyente. Cualquier cosa menos excluyente. Y por ese poder y con ese poder ella se regala, pare y amamanta; no por abnegación sacrificada sino porque está en su naturaleza, como lo está relacionarse en paz con su mundo sensorial y con sus sentimientos. Pero genera vida gracias también al Emperador, del que disfruta y al que se regala también por naturaleza y desde luego sin ninguna vocación de sacrificio -ella es experta en disfrutar.

A diferencia de La Emperatriz, El Emperador, el poder masculino terrenal arquetípico, sabe de fronteras, de números, de contención, de proyección de futuro, de dirección, de grados, de plazos, de cuidado del patrimonio, y de todo un montón de otras herramientas de organización imprescindibles a la vida, necesariamente excluyentes muchas veces. Y la salud de El Emperador se reconoce precisamente porque nada en todas esas herramientas es su propósito existencial, sino solo el instrumento. El propósito, exactamente igual que en el caso del arquetipo femenino, es la vida misma.

Pasa que una y otro están en todos y cada uno de nosotros, del todo, y pasa que es en nosotros donde pueden sanarse y donde piden estar sanos. Y eso es tanto como decir tener una relación sana con los dos arquetipos internos: que a La Emperatriz interna se le permita serlo en toda su grandeza, en toda su capacidad para la seducción, para el disfrute, para darse y para dejarse adorar y cuidar, y que El Emperador pueda desempeñar su misión directiva, proactiva y de visión de futuro; ambos de la mano y enfocados a que la vida medre en el mejor ecosistema. Y a esa vivencia interna le corresponde un reflejo de realidad parecido.

Por supuesto que una Emperatriz que se precie tiene que defenderse de un Emperador loco o abusador; está obligada y además por el bien de todos, claro que sí. Pero es importante que entre a su propia sanación si es que ha sufrido alguna consecuencia y sobre todo es capital que su propia sanación no incluya intoxicarse de los malentendidos neuróticos a los que hemos llegado (buscando el dominio o el desprecio de lo masculino por ejemplo) a causa de la tan traída y llevada cultura patriarcal, que llevó a negar y a aplacar lo que no se ajuste al pensamiento único o a una forma concreta. El peor de los malentendidos por extendido y perverso está orientado a torcer el entendimiento para  considerar que el dinero y otros artificios excluyentes son el sentido último de la vida en lugar de herramientas útiles.

Si la conquista de una plaza y de lo necesario para cubrir todo lo que la tribu requiera es una vocación natural del Emperador, su neurosis es un afán de invasión, posesión, dominio y control a cualquier precio, que hasta se le olvida que todo se trataba de la vida y de organizar para la vida. Y para todo tiene razones -hasta para explicar y justificar los motivos de una guerra, algo que en su sano juicio no concebiría de ninguna manera.

Quiero desde aquí por eso arropar y valorar todos los trabajos que se llevan a cabo a través de tantos círculos en favor de la sanación de la sensibilidad y los valores femeninos, desde la consciencia plena de que llevamos una herencia de ya muchas generaciones -no hace falta acudir a las posibles re-encarnaciones- de sumisión y ninguneo, lo que supone no sólo una injusticia manifiesta para nosotras sino una pérdida para la humanidad. Las secuelas directas e indirectas del Patriarcado han traído consigo una ausencia de autoestima generalizada en las mujeres, entre otros signos de su propia neurosis, que es precisamente con la que se retroalimenta la locura del Emperador. Pero sobre todo han traído un desequilibrio que no puede rectificarse tomando a lo masculino como modelo, y menos en este punto enfermo de lo masculino.

Todo mi refuerzo y mi amor a todos los trabajos de empoderamiento femenino, agrupadores, nutridores, sanadores, cuidadores y reconciliadores con la propia sensibilidad. Y que incluyan mantener a raya a los locos. Pero, por favor, que no sea en nombre del poder femenino tratar de imponerse a lo masculino, porque eso es un gesto que enferma, que nos enferma a todos. Es un gesto que toma como modelo no solo al Emperador, sino a uno que ha perdido el norte y la razón.

Propongo por eso que los trabajos de sanación de La Emperatriz se centren en rescatar sus todopoderosas y revitalizantes virtudes sensoriales, así como su vocación agrupadora y nutridora, desde espacios de cuidado y seguridad, pero recordando que se trata de ella, de su capacidad de disfrute, de acogida, de generación de vida. Desde ahí, lo natural es que se dé la mano con quien tenga su misma talla grandiosa, alguien en cuya contención poder descansar confiadamente.

Pero lo que me parece imperativo es una sanación masiva del Emperador, el que maneja el mundo de lo concreto y que ha perdido la visión de la vida y del futuro del Planeta, pero también al interno de cada uno, de cada una, porque la neurosis de la posesión y del dominio parece habernos dominado y poseído a todos.

…me imagino ahora un mundo donde organizar y conquistar le dé la mano a sentir y a nutrir; un mundo donde las ideologías, las religiones, los dineros, las fronteras y las leyes sean, de entrada, para el cuidado de la vida… Me imagino, sin proponérmelo, un mundo sin víctimas ni verdugos; un mundo donde emperatrices y emperadores se miran a los ojos con salud y respeto, también donde no se entienden. Y no soy la única que se lo imagina un mundo así, estoy segura.

 

 

 

XV. El Diablo, la paradoja insoportable

Me parece necesario reseñar pronto en este periplo, a modo de confesión, que cuando empecé a estudiar el Tarot, la carta XV. El Diablo, se me hacía insoportable. Tanto así que yo la habría suprimido del mazo; no sólo no me aclaraba nada sino que adivinaba en ella un efecto tan inmanejable que me enredaba cada vez más. No voy a decir que ahora sea de las que más me gustan pero debo reconocer su pertinencia imprescindible. Sobre todo, creo que la apertura que he necesitado para aceptarla como un hecho en mí y en todo cuanto requiere sanación en algún grado, me ha servido inconmensurablemente y además me ha llevado a conocer especialmente bien esta carta y todo su utilidad.

En mi propósito de recomendar libros, extraigo un texto de El Tarot y el Viaje del Héroe, de Hajo Banzhaf cuya lectura es un disfrute y una fuente extraordinaria de conocimiento y de inspiración y que, en concreto, me empezó a ayudar a reconocer el arcano XV. El Diablo más allá de una negrura densa terrorífica y, sobre todo, ajena a mí y a todo lo que tuviera que ver conmigo. Precisamente yo había dejado de fumar en esa época de un modo que muy bien podía tener que ver con lo que refleja el texto. Más allá de lo que consciente o inconscientemente hice en ese trayecto que resultó ser definitivo y que a aún me parece milagroso, sí que me había dado cuenta de que cada vez que una emoción amenazaba con asomar, fuera bonita o fea, fuerte o floja, esperable o sorprendente, yo me encendía un cigarro. Cuando me di cuenta tan claramente de eso, me propuse respirar ampliamente en ese momento y no ahogar nada de lo que se me moviera, aunque no me gustara. Pero no me proponía exactamente dejar de fumar, sino reservarme a hacerlo cuando fuera un placer, que para mí lo era muchas veces al día. Lo curioso es que con ese ejercicio -no de dejar de fumar sino de permitir la expansión de lo de cada momento- y con otro que consistió en convertir casi en un rito silencioso cada pitillo de los placenteros -no valía hacer otra cosa mientras fumaba, como si fuera una meditación- el tabaco se fue distanciando de mí hasta que me abandonó por completo. Desde más de dos paquetes y medio al día a cero en un proceso que no sé cuánto duró pero no menos de seis meses, y en el que lloré, cambié de alimentación, de trabajo, de casa, de amigos… Definitivamente, no es verdad que uno sea adicto para toda la vida porque nuestra naturaleza esencial es sana; lo que pasa es que no siempre se está condiciones de asumir las transformaciones y riesgos que comporta un camino tan comprometido con la propia esencia. Somos una unidad hecha de tantas cosas que ni nos imaginamos cómo se afectan unas a otras hasta que rompemos un hábito; ahí la aventura que se desencadena nos moviliza en todos los órdenes.

Ya he explicado por qué elijo este fragmento. Sólo me queda invitar a leer el libro entero, si es que lo han vuelto a catalogar:

“…Detrás de cada adicción hay una búsqueda que ha fracasado. Las conexiones son normalmente suprimidas tan radicalmente, que al final ya no sabemos qué era lo que buscábamos. Con frecuencia, incluso, ni siquiera somos conscientes de haber estado buscando algo. Solo percibimos las consecuencias, como que continuamos fumando a pesar de haberlo dejado en numerosas ocasiones. Al menos, en la primera mitad del camino tratábamos de resolver estos problemas con el método `masculino´de deshacernos de ello, según el dicho `si quiero, puedo´o `sería de chiste que no consiguiera controlar este tema´. Aparentemente hay quienes consiguen llevarlo con éxito a la realidad. Con gran dureza suprimen los síntomas y creen haber solucionado el problema completamente. Pero ésta no es la verdadera solución. Ningún fumador se convierte en no fumador de esta manera. Más tarde o más temprano, el problema generará nuevos síntomas para que no lo olvidemos, y rara vez la conciencia reconoce las conexiones. Muchas personas se apean antes de haber llegado tan lejos, haciendo fracasar de esta forma sus buenas intenciones que, como todos sabemos, siempre han empedrado el camino del Infierno. Y aquí es exactamente donde nos encontramos ahora.

El problema real está aquí, en el mundo de las sombras. Cuando lo solucionamos, también el síntoma se cura. Es difícil identificar el verdadero problema, encontrar lo que realmente estamos buscando, esos aspectos no vividos que se encuentran en nuestro interior y que quieren nacer a la vida. El sistema menos eficaz para hacerlo es reflexionar y darle vueltas y más vueltas en nuestra mente ya que nuestra conciencia continuará haciendo sugerencias que excluyen todo lo que considera negativo y que `por sobradas razones´ha sido separado. El ego se siente muy amenazado por lo que no tenemos y, como consecuencia destierra los aspectos rechazados, enviándolos al mundo de las sombras. Es más, nuestro ego preferiría `estar muerto´antes que permitir que esta parte de nosotros mismos tenga acceso a la conciencia. Aún así, el yo, que quiere guiarnos hacia la totalidad, hará lo posible para que encontremos lo que estamos buscando: ello ocurrirá aunque nuestra conciencia se oponga, negando tozudamente que estos aspectos censurados puedan tener algo que ver con nosotros. Si deseamos alcanzar este conocimiento, lo que de verdad nos ayudará será observar atentamente cualquier cosa que encontremos de forma reiterada, los temas que con frecuencia nos preocupan o el contenido de nuestros sueños.

Si nuestro intelecto no se resiste al conocimiento interior, permitiéndonos comprender que huir no es la solución, y que el tesoro escondido puede estar en aquello que nos indigna y nos saca de quicio, entonces hemos alcanzado la meta. Y, por extraño que parezca, comprender la solución de este problema no es esencial. Es suficiente con que suceda lo correcto. Esto quiere decir que nuestra adicción se solucionará en el momento en que demos los pasos correctos, aunque no percibamos lo que está ocurriendo o no entendamos cómo se relacionan estos dos temas…”.  Hajo Banzhaf

Aprovecho, al hilo del contenido, para publicitar el Tarot como apoyo a la sanación de las adicciones por el camino iniciático que propone el autor, así como las terapias que incluyan la dimensión corporal de la persona, porque contribuyen a impulsar los pasos adecuados en lo concreto con independencia de entender o no de qué se trata lo que nos ha llevado hasta allí.

 

 

V. El Hierofante: La maestría descuadra por definición

Igual que hubo un día en el que tocó ir a la guardería y comprender que la vida era más ancha y más compleja que lo que sucedía en casa, ahora toca aceptar que venías limitando la percepción de la realidad, incluida la de ti mismo, y por lo tanto también tu margen de maniobra; y que todo está empujando para que salgas de ese cascarón. Ha salido el Hierofante, un maestro que busca tu propia maestría por caminos no siempre fáciles pero que no tienen marcha atrás, porque cuando haces -vives, percibes, ves…- algo nuevo, es imposible ya pretender que todo estaba en la cuadrícula conocida. 

Aprender es aceptar que nada puede volver a ser lo mismo, que lo viejo ya pasó, que ahí no cabes sin enloquecer y sin hacerte daño. El Hierofante, El Papa, el Sumo Sacerdote, el Pontífice, es un Puente a tu sabiduría y es también el autor de la crisis que supone que los límites conocidos eran filfa y que todo lo que se apoyaba ahí queda cuestionado, mientras que lo nuevo aún no parece dibujarse. La sensación de vértigo de un puente colgante puede ser a veces tan grande que te lleve al empeño de reajustar lo viejo -la peor y más enloquecedora de las imposturas. O a tener la fantasía de que estás avanzando por el puente a tu lugar cuando lo único que pasa es que te está recorriendo un vértigo que te genera esa sensación.

El conocimiento que tiene el Hierofante es inspirado, para el momento, para el discípulo, y está orientado a reconectar al discípulo con su propia maestría, a liberar en él sus propios dones, así que no se encarga de transmitirle un cuerpo doctrinal porque eso sería otra cuadrícula, sino despertarle el deseo genuino de activar todo su potencial.

De las cartas que voy sacando día a día en Facebook por azar, si es que eso existe, me he detenido en ésta para seguir estrenando este blog porque parece que arrancó con el leit motiv del aprendizaje.

Y voy a cerrar aquí confesando que me da vértigo la anchura que está cogiendo mi trabajo con las cartas del Tarot. No sé si será un talento mío pero por ahora es una vocación clara y un compromiso radical.

Gracias infinitas a todas las ayudas porque toman dimensiones que nunca habría podido anticipar.

Que sea un día para acoger todo cuanto disuelva las orejeras, venga de quien venga, y puedas dar la bienvenida a lo que te descuadra porque, aunque te dé vértigo, está en el camino de tu realización, que es de lo que se trata. Feliz día de Todos los Santos (en sánscrito santo, sabio y sano es la misma palabra). Feliz día de Todos.

Gracias por tantos aprendizajes

Tratando de empezar a construir una web que dé asiento virtual a esta preciosa dedicación con las cartas del Tarot que la vida me está permitiendo tener, quiero dejar constancia en esta primera entrada del blog de mi gratitud a toda la maestría a la que me he expuesto y me sigo exponiendo, no siempre reconocida en el primer momento.

Mientras negocio con este editor de la web que por ahora es un desconocido, me viene a borbotones todo lo que me ha traído hasta aquí y se me ensancha el corazón con la certeza de cuánto sentido ha tenido cada episodio, sin excepción, especialmente los que me han obligado a ir haciendo inflexiones en mi recorrido. Gracias sin límite a todos cuantos han incidido en que así sea -incluidos quienes están necesariamente fuera de mi vida.

Además de agradecer, sólo me propongo confesar tres propósitos:

  1. Dar a las cartas del Tarot el lugar que les fue arrebatado por motivos que sólo se entienden desde la tiranía de culturas que, desde su pretendido racionalismo, temen y excluyen todo cuanto escapa al control de sus propios códigos.
  2. Difundir de todas las formas posibles este conocimiento oracular, este libro sin palabras que ayuda a revisar la aventura de vivir como el único y verdadero viaje del héroe. De entre los talleres presenciales destaco por eficaz y novedoso el que incluye la expresión corporal, utilizando las técnicas psicocorporales del sistema Río Abierto.
  3. Facilitar en todos los modos que la técnica permite sesiones con las cartas, en su vertiente evolutiva y de ayuda, desde el presente, sanando y liberando el futuro, de inercias, resabios y otros condicionantes.

Llena de gratitud y al servicio,

Lola Bastos